El gobierno de la palabra

Robin Hood, alcalde de Marinaleda

In Actualidad on 9 de agosto de 2012 at 1:38

Cuando se traspasan ciertos límites, más allá de los cuales lo mínimamente decente se ve pisoteado por la codicia y la impunidad, el fin sí que justifica los medios, siempre y cuando la puesta en práctica de tales medios no implique el derramamiento de sangre… inocente. La máxima de Maquiavelo, por tanto, no implica, necesariamente, hacer apología de la violencia ni colocarse una venda en los ojos frente a todos los males que se producen delante de aquellos. Es, precisamente, este afán por mantener los ojos, no cerrados, sino bien abiertos, lo que ha conducido a una situación que viene dada por unos hechos que era de esperar que, tarde o temprano, llegaran a producirse.

El robo de los supermercados perpetrado en las sucursales de Mercadona y Carrefour de varios municipios de la provincia de Sevilla, liderado por José Manuel Sánchez Gordillo, no ha sido otra cosa que un grito de protesta del sector más desfavorecido de una sociedad oprimida y explotada hasta el extremo por el sistema capitalista global. El señor Sánchez Gordillo ha demostrado un arrojo, una audacia y una actitud de compromiso auténtico con sus votantes que son dignos de admiración, e incluso de adhesión a su causa. El señor Sánchez Gordillo se ha mojado hasta arriba por los más desfavorecidos de la crisis, y ha dado la cara por ellos, y va  a seguir haciéndolo con el mismo aplomo plantando cara a un sistema que no solo no consigue doblegarle, sino que mantien,e más vivo que nunca, su afán por alcanzar la plasmación efectiva y verdadera de la justicia  y la igualdad social. Porque a José Manuel Sánchez Gordillo no le importa ir a la cárcel en nombre de los pobres (recordemos que todos los productos robados iban destinados a familias que se han quedado en la calle por culpa de la crisis económica).

La gravedad de la situación que ha dado lugar a la iniciativa de llevar a cabo este simbólico gesto de protesta antisistema no es para menos, teniendo en cuenta los altos niveles de pobreza que se están alcanzando en Andalucía. Que el 34% de los andaluces hayan traspasado el umbral de la pobreza en el año 2012, y que más de un millón de andaluces en paro hayan dejado de percibir ayudas públicas constituyen realidades lo suficientemente insostenibles como para tomar la decisión de hacer que ese estado de insostenibilidad social y económica se refleje de algún modo llamativo y no violento. Y recalco lo de “no violento”, puesto que no podemos afirmar que los acontecimientos acaecidos se hayan desarrollado de manera pacífica en términos absolutamente rigurosos. En este punto, debemos criticar, sin paliativos, la manera en que Sánchez Gordillo y sus compañeros han actuado a la hora de perpetrar su acto revolucionario y reivindicativo contra esas sucursales de las  dos grandes superficies del comercio alimenticio. Y es que el modo agresivo en que han tratado a las trabajadoras de aquellos establecimientos no ha sido, precisamente, un gesto digno de aplauso. También es cierto que, cuando se trata  de llevar a cabo un acto subversivo, emplear un mínimo grado de coacción física resulta inevitable, siempre que el ejercicio de dicha coacción no adquiera la categoría de agresión, porque, en tal caso, ya estaríamos hablando de violencia, lo cual resultaría condenable de todo punto, sobre todo si el objeto del acto violento son trabajadores que no tienen culpa de nada.

Dicho lo cual,  habiendo señalando las salvedades oportunas y habiendo establecido los matices correspondientes ante una cuestión tan peliaguda y tan cargada de polémica, también me dispongo a expresar claramente mi posicionamiento moral a favor del señor Sánchez Gordillo, y por varias razones que se basan en casos reales de procedimientos deshonestos. Al menos en el caso de Carrefour, no puedo dejar de manifestar una serena e íntima satisfacción, como la que uno siente ante la muerte de un dictador. Y es que, en mi opinión,  esta multinacional de la alimentación ha recibido un escarmiento bien merecido. Porque, como cliente habitual de una de sus sucursales, he podido comprobar, y lo compruebo cada vez que cruzo sus puertas, que los dueños de este establecimiento no se preocupan ni por crear puestos de trabajo ni por ofrecer a sus clientes un servicio de calidad.  No crean todo el empleo que pueden, porque el 90% de las cajas disponibles del supermercado están permanentemente desatendidas. Y, por otra parte, no ofrecen a los clientes un buen servicio porque, al no tener todas las cajas activas, hacen que aquellos sufran unas colas y unos lapsos de espera que resultan innecesarios, y que suponen una molestia para el cliente, o al menos, para mí, a título personal. Porque cuando entras en un lugar y sales de él con 180 o 200 euros menos, lo mínimo que esperas es que te traten bien y no te hagan esperar pudiendo evitarlo perfectamente.

A estos los llamo yo, sí, señores, procedimientos deshonestos, porque, cuando últimamente repiten tanto la monserga de que el sector privado, solo por ser privado, siempre resulta eficiente, productivo y rentable, y el sector público, por ser público, es parasitario, deficitario, despilfarrador e improductivo, yo me lleno de la indignación propia de un trabajador del sector público que procura hacer bien su trabajo, que no es nada fácil (dar clases a adolescentes) y que con su estabilidad laboral y con su sueldo decente puede mantener unos niveles de consumo, al menos de momento, que dan de comer a todos o a muchos de aquellos que critican a los funcionarios. Creo haber demostrado que, al menos, en el caso de Carrefour, las supuestas virtudes de la empresa privada no solo no se dan, sino que, además, brillan por su ausencia para mayor indignación de trabajadores y consumidores.
Por tanto, solo puedo decir que ya era hora de que un político de izquierdas se pringara, como lo está haciendo este señor, por la clase trabajadora y desfavorecida, y en lugar de tratar de asegurarse su pensión vitalicia y demás privilegios políticos, se esté arriesgando a perder no solo estos privilegios, sino, además, su trabajo y sus libertades civiles. El señor José Manuel Sánchez Gordillo está haciendo más esfuerzos por implantar el socialismo y luchar contra el capitalismo desde su alcaldía en el humilde municipio sevillano de Marinaleda y desde su escaño en el Parlamento de Andalucía, que el PSOE durante todas las legislaturas en que ha dispuesto de las riendas del gobierno de España, en que no solo abandonó los ideales de la clase obrera, sino que además se dejó seducir por las tentaciones del enriquecimiento individual por las vías más fáciles y, por tanto, delictivas.

Si todavía queda alguna persona, dentro de la clase política, que no haya perdido la integridad y la coherencia ideológica, se llama José Manuel Sánchez Gordillo.

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