El gobierno de la palabra

Homenaje a Gregorio Peces Barba

In Actualidad, Lágrimas de veleta on 25 de julio de 2012 at 18:25

Ayer nos dejó, para siempre, don Gregorio Peces-Barba, uno de los intelectuales progresistas de mayor prestigio en nuestro país. Don Gregorio fue una de esas figuras que surgieron durante los últimos años del franquismo para contribuir a otorgar al socialismo español en general, y al PSOE en particular, esa dosis de prestigio y, sobre todo, de credibilidad, que resultan ser tan necesarias para cualquier organización clandestina que, en el marco de una dictadura, pretenda contribuir de forma activa al logro de un régimen de libertades políticas. Y es que, durante la mayor parte del régimen franquista, el monopolio del prestigio y de la credibilidad había sido patrimonio exclusivo del Partido Comunista, cuyos militantes y simpatizantes fueron quienes, desde comienzos de la dictadura, a través de actividades como las de los maquis, se habían estado jugando el tipo para que en España cambiaran las cosas.

El caso es que el PCE, hacia la mitad de los años sesenta, aproximadamente, empezó a ceder, si bien de manera totalmente involuntaria, el protagonismo de la lucha antifranquista a una generación de jóvenes socialistas, cuyo foco difusor se hallaba en el ambiente universitario de la ciudad de Sevilla, y cuyo liderazgo recayó desde muy temprano en la figura de Felipe González. Y es en este punto en el que esa otra gran figura de la que hablamos, don Gregorio Peces Barba, quien se había afiliado al PSOE en 1972, entra en escena, junto con otros grandes intelectuales como Enrique Tierno Galván, con quien don Gregorio compartía la dedicación académica a las ciencias jurídicas. Y, haciéndolo, contribuyeron a que el PSOE adquiriera esa dosis de prestigio intelectual y de credibilidad política y social que necesitaba para continuar la labor de lucha clandestina contra el franquismo que había puesto en marcha el Partido Comunista de España.

El caso de nuestro hombre reviste una especial importancia, debido a su gran protagonismo activo durante la Transición hacia la democracia que se sustenta en la Constitución del año 1978, de cuya comisión redactora don Gregorio Peces Barba tuvo el gran honor de formar parte en calidad de representante del grupo socialista. Y es este hecho, entre otros muchos, el que hace que la muerte del que fue Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid constituya una pérdida especialmente triste para toda la sociedad española, que tiene contraída una deuda impagable con la inmensa labor, tanto política como docente, con este carsimático promotor del socialismo democrático que tuvo el honor de presidir el Congreso de los Diputados durante la primera legislatura de Felipe González.

Heredero de los primeros socialistas ilustrados,  esto es, de aquellos individuos que pudieron ir a la universidad debido a su pertenencia a la burguesía acomodada del siglo XIX, y que tomaron conciencia de las injusticias sociales de su época, como es el caso de Fernando de los Ríos o de Julían Besteiro,  don Gregorio había nacido en Madrid en 1938, en plena Guerra Civil, y ya en 1963, con menos de treinta años de edad, fundó, junto con Joaquín Ruiz Jiménez, la revista Cuadernos para el diálogo,  que supuso uno de los primeros intentos de apertura ideológica, dentro de la dictadura franquista, llevados a cabo en el terreno editorial.

En su última obra publicada, La España Civil, el profesor llevó a cabo un ejercicio de reflexión sobre los últimos acontecimientos acaecidos en nuestro país a la luz de las conquistas sociales del pasado, en su relación con los hechos fundamentales sobre los que se sustenta nuestra sociedad presente, basada en los valores civiles y democráticos de separación entre el Estado y los antaño poderes fácticos: la Iglesia y el Ejército. Fue, éste, un intento más de evitar o, mejor dicho, de terminar con el secular enfrentamiento entre las dos Españas, con el que Gregorio Peces Barba hizo un intento de perpetuar, en la medida de lo posible, los valores que tanto él como los demás Padres de la Constitución Española de 1978 pretendieron fijar por escrito para que todos los españoles pudiéramos disfrutar de la estabilidad política básica que nació para convertirse en el cauce de participación política y ciudadana de todos aquellos que creemos en la libertad, la igualdad y la justicia.

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  1. Siempre se van los mejores. Y al resto nos los tendremos que comer con patatas…¡Revoluciòn! ¡Vandalismo! Tres años más de PePeleches de estos y no nos van a dejar ni las cubiteras del congelador.

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